EL VALOR DE LAS NIÑAS ENOJADAS

ESCRITO POR: @lauram.ut

ILUSTRADO POR: @ilus_trazos

Podemos ver fangirls incluso antes del nacimiento de Jesús que es el man con más seguidores en la historia (más que CR7 en Instagram), aunque las fangirls se volvieron gatas oficiales en el siglo XXI cuando el término se empezó a utilizar para nombrar a las fanáticas de artistas, series, películas, videojuegos o bueno ,cualquier personaje ficticio o real.

El auge se dio en las redes sociales, ahí se formaron lenguajes, iconografías, mitos, leyendas y reglas que las unían alrededor del mundo. Es que párenle bolas, la misa es a los cristianos lo que los videodiarios a las directioners, y el Corán a los musulmanes, lo que es Believe a las beliebers. 

Las fangirls vivíamos en armonía, pero todo cambió cuando los machitos enojados atacaron. Para nadie es un secreto que todo lo que se interpreta como estereotípicamente “femenino” es siempre satanizado, juzgado y por debajeado intelectualmente sobre todo cuando hablamos de la cultura pop. 

Por ejemplo, cuando un hombre dice que le gusta el fútbol o una saga dirigida a un público “masculino” /Marvel, DC, Star Wars. etc.) , es normal, no es cuestionado; sin embargo cuando una mujer habla de lo mucho que disfruta de una actividad asociada con lo que popularmente conocemos como “femenino” termina siendo puesta en tela de juicio por la inquisición moderna: los desconocidos de internet. 

E incluso cuando una mujer manifiesta que disfruta de cosas estereotípicamente “masculinas” también es atacada. Estos micromachismos son una muestra de la misoginia interiorizada que padecemos, donde rechazamos completamente todo lo que está relacionado con la “feminidad” y terminamos hiriéndonos a nosotras mismas en busca de aprobación.

Crecimos enfrentándonos a las burlas simplemente por disfrutar de la música, la televisión, el cine y las redes sociales a nuestra forma. En muchos espacios hablábamos sobre nuestra experiencia como mujeres jóvenes en sociedades machistas, discutíamos la misoginia a la que debíamos enfrentarnos dentro y fuera del fandom, hablábamos sobre las críticas homofóbicas y tóxicas que recaían en artistas como One Direction o Justin Bieber. Estas fueron nuestras primeras nociones de sororidad y complicidad, nos acostumbramos a ver la fuerza en las niñas que nos rodeaban e iniciamos una deconstrucción constante.

En medio de un paro nacional influenciado por las redes sociales, nos dimos cuenta del valor de las niñas enojadas. Las fans del Kpop han sido la primera línea digital, usando las redes sociales a su favor han logrado darle un lugar privilegiado a la situación política en Colombia, e incluso han actuado como línea ofensiva en contra de internautas violentos y cegados, spameando los trending topics asociados con la derecha y ultraderecha en Colombia con fotos de sus ídolos.

Tengo mucho que agradecerle a mi fandom, fueron niñas de 12 años las que me rescataron y acompañaron en los peores momentos de mi vida, me hicieron sentir que pertenecía a algo, me dieron luz verde para desarrollar mi personalidad libremente sin ser juzgada. Ellas fueron mi primera manada.

Sobre la autora: @lauram.ut

Entre mis muchos talentos están aprenderme la carta astral de mis bffs, memorizar diálogos de Samantha en Sex and the City y meterme con manes sin responsabilidad emocional.

Mi misión en la vida es empoderar a todas las mujeres a mi alrededor (incluída yo) y saludar a todos los perritos, gatitos y animales que se me encuentre en la calle.

 

@sussierave castro
susanaravec@gmail.com

CEO de las cosas rosadas y brillantes

2 Comments
  • Mariana O
    Posted at 09:23h, 13 junio Responder

    Incluso a mis 23 años todavía recuerdo mis años de fangirleo intenso como una etapa demasiado hermosa y agradezco vivir mi adolescencia así. Sin embargo, cuando hablo de eso con orgullo y agradecimiento todavía hay manes que se comportan como haters estúpidos de 12 años. Pero bueno, eso no cambia nada mi sentir ni todo lo que aprendí en esa época dónde todas fuimos amigas mientras soñábamos casarnos con el mismo man.

    PD. Todavía cargo mi carné del club de fans de Justin Bieber en la billetera… Nunca se sabe cuando lo necesitaré.

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