
28 Feb FRAGMENTOS DEL MISMO LIBRO
Debería existir una palabra para definir el sentimiento que genera despertarse de una siesta luego de varios días sin dormir bien. Cuando en realidad descansaste y te levantas tan perdida que no sabes el día ni la hora, cuando sientes que te volviste hasta mejor persona y que te quitaste un peso de encima. Debería existir una palabra para definir esto porque así quiero estar siempre.
Para nombrar el sentimiento de intimidad del instante previo al beso, cuando las respiraciones de ambos se vuelven una sola. O para esos días en que llegaba del colegio y me quedaba con el short y la camiseta del uniforme hasta dormirme, y una más para lo que siento cuando escucho por primera vez mi canción favorita. Necesito palabras para esas cosas que parecen bobadas, pero no lo son.
Una para nombrar el día en que empecé a escuchar mi cuerpo y entendí la diferencia entre un mal presentimiento y un ataque de ansiedad; cuando dejé de perseguir certezas porque entendí que no todo depende de mí o para el momento en que aprendí que para hablar en voz alta no solo se necesita voz, sino también valor.
Ahora mismo estoy buscando una palabra para decirte que no estamos en control de nada porque nos hace falta robar besos y rayar libros, que el amor nos puede unir y aún así nunca será un buen argumento para quedarnos juntos, y otra palabra para que no se me olvide que todo lo que te entrego está en mí, así que cuando te vayas no lo voy a perder.
Si tuviera todas esas palabras te las diría, pero como no las tengo solo te puedo mirar a los ojos y recordarte que el esfuerzo y la necesidad por tener el control de todo no deberían verse como gran cosa, porque cuando hablamos de ello lo hacemos desde el apego.
Quiero una palabra que se parezca a la palabra “vida”, pero que sea más precisa para no olvidar que amor propio también es dejar de ser incondicional con quien no lo merece, que a ratos la gente hace más al irse que al quedarse, y que esa tristeza que creo que nunca voy a dejar de sentir me va a abandonar un día cualquiera sin avisar (como lo hiciste tú).
No sé cómo nacen las palabras, pero sé que a ratos me encuentro en las frases que escucho en alguna película o en el olor de la casa de mis abuelos los domingos por la tarde.
No sé cómo nacen las palabras, pero sé que hacen falta muchas para nombrar que todos estamos hechos de fragmentos distintos del mismo libro.
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