PENSAMIENTOS DE UNA PANDEMIA ETERNA

ESCRITO POR: @ssaganome

ILUSTRADO POR: @animalitos.extintos

¿Cómo me explico a mí misma que está bien estar mal, y más cuando estoy atravesando una pandemia, y aparte tengo que lidiar con los líos mentales de siempre como no tirarme el semestre, pero a la vez no ser mediocre, no engordarme porque a pesar de mi deconstrucción de estándares, todavía sigue siendo de las peores cosas que me podrían pasar y a la vez tener que lidiar con la virtualidad de – básicamente- todo? ¿Cómo me explico a mí misma que básicamente estoy cag*da y con el agua lejos, pero a la vez me digo afirmaciones positivas para pararme de la cama?

Debería haber un límite de escuchar un “¿Cómo estás?” y tener que embutir todo el caos mental por el que pasamos en un “bien, ¿y tú?”. Deberían enseñarnos en el colegio cómo manejar nuestra mente, porque ser capaces de manejar nuestras emociones nos hará más poderosas que la regla de tres.

Empecemos por lo primero, lo que nos lleva queriendo hacer dormir hasta cuando estemos recibiendo el cartón: la universidad virtual. De por sí el estrés universitario es una vaina totalmente normalizada y romantizada, o es que será muy normal tener crisis emocionales fuertes cada 5 meses porque los finales no se hacen solos.

Antes de pandemia, recuerdo que me atormentaba la cabeza pensando que si todo el estrés y los problemas emocionales que tenía era por no saber manejar mi tiempo. Spoiler: no lo es. La única ventaja que ha traído la virtualidad (si es que se puede ver como algo bueno) es que ahora todos estamos en la misma olla: los mismos días todos los días, la incertidumbre que abruma, y ya no hago parte del club de los que se sienten juzgados al no tener el trabajo final listo con 3908 semanas de anticipación. La academia es un tema (y una decisión) muy personal, y cada quien lo vive y lo cuestiona a su manera, pero lo que sí es cierto, es que la presión existe, y todos la sufrimos.

Sé que soy privilegiada al poder seguir estudiando en medio de una pandemia mundial, por tener acceso a internet, por no estar pasando hambre en medio de la cuarentena, soy consciente de que hay mil y un problemas allá afuera, pero para bien o para mal, mis propios males están retumbando más fuerte en mi cabeza.

Desde marzo del 2020, las redes sociales se han encargado (con aún más fuerza) de decirnos cómo tenemos que sentirnos, y se ha llegado a un límite tan tóxico e incoherente, que el que no se sienta feliz y pleno, básicamente es lo peor.

Es complejo mantener una estabilidad emocional con tantas cosas pasando, no quiero vivir más tragedias trascendentales en la historia del mundo, ya viví suficientes.

Ser mujer colombiana ya reduce mis posibilidades de tener un equilibrio mental. Las mujeres fuimos criadas y enseñadas a pensar en hijos y maternidad, y de cierta manera, eso nos ha hecho conectarnos con el cuidado de los demás, por encima del nuestro. Estamos acostumbradas a tener que darles explicaciones a todo mundo sobre lo que hacemos, cómo nos sentimos, qué opinamos y demás, como si no hacerlo significara alguna afectación en nuestro valor como persona.

Estamos enseñadas a ser solidarias, pero no por la lógica empática que esto significa, sino por la debilidad e ingenuidad que se cree que rodea a las mujeres.

Ser mujer es muchas cosas bonitas, pero también es tener un lugar en nuestra mente en la que tenemos casi obligatoriamente que almacenar información “útil y válida” para nosotras, como dietas, ejercicios, tips para lucir jóvenes, bellas y esbeltas siempre.

@sussierave castro
susanaravec@gmail.com

CEO de las cosas rosadas y brillantes

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